Ya han pasado unos años desde 1425 fecha en que hay constancia que llegaron los primeros gitanos a Cataluña, según consta en los Archivos de la Corona de Aragón.
¿Qué encontraron en aquella época? Un panorama de cambios, los musulmanes pierden su poderío en el idolatrado Al-Andalus y junto a los hebreos serán perseguidos y expulsados, dejando un gran poso cultural en la península. Estos días coinciden con los que Colón emprende sus viajes a América, muchos gitanos pertenecieron a las flotas de Castilla que partían hacia América. Cádiz, Sevilla y los puertos empezarán a formar parte del triángulo básico de lo que llegará a ser el Flamenco.
A mitad del siglo XIX, consecuencia del cruce de pueblos, religiones y culturas aparece un nuevo tipo de música, cuartetas de seguidillas, coplas, jarachas mozarabes, crótalos griegos, cantos gregorianos, lamentos judíos, romances castellanos, zejelescas… el son de la negritud y el acento del pueblo gitano que viene de la lejana India para quedarse aquí, se entremezclan para formar la estructura de lo que hoy llamamos Flamenco y que se expresa mediante el Cante, el Baile y la Guitarra.
De 1846 es la carta del escritor romántico francés Prosper Merimee de visita en Barcelona: “Ayer vinieron a invitarme a una tertulia con motivo del alumbramiento de una gitana…Había tres guitarras y cantábamos a voz en grito en calo y catalán… las canciones que me eran ininteligibles, tenían el mérito de recordarme a Andalucía”
Si tomamos esa fecha como origen y Barcelona como punto de análisis, veremos una ciudad que se sale de las murallas, son momentos de esplendor económico, se recupera el monopolio del tráfico con América, de manos de Cádiz, se empieza a desarrollar un proceso de industrialización.
En 1913 nacerá la emblemática y genial Carmen Amaya, que aprendió a bailar con las olas del mar en su Somorrostro (Bacelona) natal. Coincidiendo con estas fechas Barcelona verá sus teatros, cafés, tabernas, ateneos y demás centros de ocio invadidos por los primeros artistas del mundo del Flamenco.
En la primera inauguración del Gran Teatre del Liceo el 04 de abril de 1847 se bailo por fandangos y malagueñas. Será aquí donde se empezarán a financiar a los primeros artistas del género de manos de empresarios del espectáculo y donde muchos de los artistas catalanes de la época se verán influidos por este nuevo fenómeno: Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Isidre Novell, Sebastià Gasch, Juli Vallmitjana…
Ciudad que se la conoció como la Rosa de Foc se convierte en una ciudad cosmopolita y agitada, viviendo momentos de esplendor entre 1888 y 1929 fechas de las dos exposiciones universales. Barcelona se convierte en uno los primeros enclaves flamencos y por ella pasaron: Antonio Chacon, Manuel Torre, la Niña de los Peines, la Macarrona, la Malena, Ramón Montoya, Manuel Vallejo, Sabicas…
Será en el distrito V, también conocido como Barrio Chino o Raval, el que aglutinará la mayor oferta flamenca de la ciudad, convirtiéndose en la zona de ocio más popular.
En 1913 nace la emblemática y genial Carmen Amaya, que aprendió a bailar con las olas del mar en su Somorrostro barcelonés, llevo por el mundo su arte y con ella su combo familiar y orgullo racial. Elogiada por todos los críticos, amiga de reyes y plebeyos.
Cabe destacar su obra postuma la película del director Rovira Veleta ¨Los Tarantos¨ ambientada en los barrios gitanos de Barcelona.
Barcelona sigue hoy siendo una de las capitales del Flamenco, contando entre sus filas a artistas de la talla de Miguel Poveda, Duquende, Mayte Martín, Los Toleo, los hermanos Cañizares, El Duende, Montse Cortés, El Coco entre muchos otros que siguen manteniendo el legado de Carmen Amaya, el Flamenco.
La historia de la Rumba Catalana viene ligada a los gitanos catalanes especialmente los de los barrios del Portal, Gracia o Hostafranchs de Barcelona.
Podemos considerar este género musical como uno de los cantes de ida y vuelta más modernos fruto de la relación entre los puertos de Barcelona y de las antillas. En los años 1940-50 surge una nueva forma de hacer la Rumba, entre los gitanos catalanes surge un interés por las músicas que se estaban gestando en países como Cuba, Puerto Rico, Colombia.
Para que esto se produzca cabe destacar dos fenómenos, por un lado muchos viajan a latino America con motivos comerciales y a su vez se empezarán a recuperarse de los problemas de la guerra lo que les permitirá frecuentar bailes, salas de fiesta y cabarets, poniéndose en contacto con músicos latinos afincados en Barcelona.
De esta unión entre las guitarras y las palmas flamencas, con los ritmos llegados del otro lado del atlántico y sus instrumentos de percusión, surge una forma de hacer la rumba que es original de Barcelona: la Rumba Catalana. Que contará con la peculiar forma de tocar la guitarra, lo que se ha venido a llamar ventilador, que combina armonía y percusión.
Como dijo la gran Celia Cruz: “la rumba catalana es capaz de guarachar sólo con la guitarra”.
Fruto de todo esto llegaron los grandes artistas de la rumba. Antonio González “El Pescailla”, gitano del barrio de Gracia y de familia de guitarristas flamencos, se convertirá en un referente en el género. Pere Pubill “Peret”, el rumbero que internacionalizó la rumba, creando éxitos musicales que están en el recuerdo de todos. “El Chacho”, el piano rumbero por excelencia y un estilo original de hacer rumba.
Cabe destacar otros artistas: Los Amaya, Chipen, Ramunet, Salsa Gitana, Estrellas de Gracia… y la gran labor de Gato Pérez.

Barcelona es bona si la Rumba sona.